Estoy probando qué pasa si dejo de callarme.
Si dejo de suavizar mi opinión para no incomodar.
Si dejo de cargar con lo que no me corresponde para que no se caiga lo que claramente ya está roto.
Estoy probando si cuando digo lo que siento, la gente se queda o se va.
Si hay vínculos que resisten mi verdad sin venirse abajo.
Si puedo ser yo sin tener que pagar el precio de quedarme sola.
Porque sí, prefiero quedarme sola a seguir rodeada de personas que solo están bien cuando yo digo que todo está bien.
Ya no quiero cuidar vínculos que solo funcionan cuando me desaparezco un poquito.
No estoy probando por capricho.
Estoy probando por protección.
Por supervivencia emocional.
Por amor propio en una versión menos romántica y más real.
No quiero más relaciones de cartón.
No quiero más escenarios donde tenga que disfrazarme para encajar.
Quiero saber quién se queda cuando me quedo yo también.
Y eso, aunque a veces duela…
Es sanación.
Es evolución.
Es libertad.