Hay días en los que no soy una sola.
Soy muchas.
La que habla fuerte.
La que se calla.
La que se ríe con ganas.
La que llora sin hacer ruido.
La que crea y destruye al mismo tiempo.
La que quiere estar sola.
Y la que se muere por que alguien la vea.
A veces, todas aparecen a la vez.
Y se cruzan.
Se pisan.
Se contradicen.
Algunas gritan.
Otras se esconden.
Hay una que sueña con escapar.
Otra que no se perdona nada.
Y otra que simplemente observa, con el ojo muy abierto, tratando de entender qué está pasando.
Vivir con todas ellas puede ser abrumador.
Pero también es lo que me hace humana.
Capa sobre capa. Voz sobre voz. Color sobre miedo.
No tengo una sola verdad.
Tengo muchas versiones de mí misma coexistiendo.
Y en vez de pelearlas, hoy quiero aprender a escucharlas.
A darles un lugar.
A reconocer que soy una obra en proceso, no una contradicción.
Porque no estoy rota.
Estoy llena de matices.
Y eso, en lugar de avergonzarme,
es lo que me vuelve única.