Me pasó primero jugando, no me importaba tanto ganar, me importaba estar ahí. Escuchar, reírme, entender cómo jugaba el otro.
Mientras algunos contaban puntos, yo miraba gestos. Mientras otros se tensaban,
yo me relajaba.
No era desinterés, Era otra forma de estar. Todos parecían captar rápido el objetivo: moverse, competir, ganar. Yo no. No porque no entendiera las reglas, sino porque no estaba mirando hacia donde había que ganar. Estaba mirando a las personas, el ambiente, lo que estaba pasando mientras el juego ocurría.
Cuando me explicaron por cómo se ganaba, algo hizo clic. No era confusión, era falta de ambición en ese contexto.
Y ahí apareció la pregunta incómoda:
¿me estoy perdiendo cosas por no querer ganar?
¿confundo disfrutar con distraerme?
¿estar presente con no avanzar?
Porque mientras algunos llegan primero, yo me quedo conversando en el camino. Y no sé si eso me ha costado victorias. O si simplemente he elegido otro tipo de recompensa. No sé si no quise ganar… o si nunca me interesó jugar ese juego.