Durante años me protegí.
Puse máscaras. Me callé lo que sentía.
Creí que si era “menos”, dolería menos.
Pero vivir desde la protección también duele.
Duele no mostrarte.
Duele fingir.
Duele pasar los días sin reconocerte en tu propia vida.
Así que elegí vivir con la piel afuera.
Con todo lo que eso significa:
sentir más, llorar más, amar más.
Pero también crear desde ahí. Conectar desde ahí.
No quiero una vida que se vea bonita desde fuera.
Quiero una vida que se sienta verdadera por dentro.