Alguien me hizo una pregunta que parecía simple, pero que despertó un sueño que llevaba años dormido. Se podría decir que toda la vida.
Me preguntaron: “¿Cuál era tu sueño cuando eras niña?”
Y no sé si esa persona entiende el regalo que me dio.
Porque yo llevo más de seis años con un negocio de papelería, creando cosas hermosas con mis manos, buscando siempre maneras de expresar algo que no sabía cómo decir. Y aun así, en cada caja, en cada letra 3D, en cada diseño… siempre había una reflexión que se quedaba en mi mente. Una frase. Una historia. Una sensación. Un pensamiento que quería convertirse en palabras.
Hace unos años hice un viaje importante. Un viaje que me abrió heridas que pensé que estaban cerradas y me mostró partes de mí que no había querido ver. Ese viaje también me dio muchas reflexiones que guardé, como siempre, en mi diario. Porque yo escribo para entenderme. Para sanarme. Para no perderme a mí misma.
Pero nunca tuve la valentía de compartirlo. No quería que mis palabras se quedaran encerradas en las páginas de un cuaderno solo porque yo tuve miedo. Y tampoco quiero que ese diario se publique el día que yo ya no esté aquí, como un recordatorio de todo lo que no me atreví a mostrar.
Así que cuando escuché esa pregunta “¿Cuál era tu sueño cuando eras niña?” sentí que la respuesta no era un recuerdo… sino un llamado.
Desde que tengo memoria, siempre he querido ser escritora. Siempre. No famosa. No exitosa. No reconocida. Solo escritora. Alguien que convierte lo que siente en palabras que acompañan, que abrazan, que despiertan algo en quien las lee.
Y estas navidades, por primera vez en mi vida, voy a darme ese regalo.
Voy a cumplirle el sueño a la niña que fui, la misma que soñaba con enviar esos correos profundos que yo leía cuando Hotmail era un tesoro. La misma que imaginaba que un día, sus palabras tocarían a alguien en algún lugar.
Hoy empiezo.
No porque ya esté lista, sino porque estoy viva.
Y porque escribir es la forma más honesta que tengo de volver a mí.
Si esto le sirve a alguien más, qué hermoso.
Y si no… está bien también.
Lo importante es que, al fin, me atreví a decirme la verdad:
yo nací para escribir.
Ahora te hago yo la pregunta: ¿Cuál es tu sueño de niña?