Me he abrazado.
Me he levantado.
Me he dicho frases bonitas frente al espejo.
He hecho todo lo que me han recomendado los terapeutas, los gurús de redes sociales.
He comido bien.
He aprendido a dormir sola.
He salido a caminar, correr, hacer ejercicio, gritar, escuchar música… todo lo que sea para no llorar.
He aprendido a estar conmigo.
Pero a veces, todo eso no es suficiente.
Y no es suficiente cuando me aleja de ti.
Cuando me aleja de mi amiga.
Cuando me aleja de la persona que amo.
Cuando me hacen creer que amarme a mí misma es suficiente para todo.
No quiero que me digan otra vez que todo está en mí.
Porque no todo está en mí.
También hay cosas que están en el otro.
Hay reacciones que no son solo mías.
Hay heridas que no me inventé.
Hay vínculos que se rompen por los dos, no por cómo me los tomé.
Somos seres sociales.
Vivimos en comunidad.
Estamos hechos para nutrirnos, para reflejarnos, para ser espejo el uno del otro.
Y cuando ese espejo es amoroso, aprendemos.
Sí, sigo trabajando en mí.
Pero también quiero encontrar a alguien que quiera caminar conmigo.
Quiero aprender a mirar al otro con ojos de amor, de respeto, de admiración.
Quiero encontrar a esa persona en mi amiga, en mi hermano, en mi socia, en mis hijos, en mi mamá.
Quiero aprender a caminar con el otro también.
Y sí, entiendo que debo amarme.
Y créeme, lo intento. Vivo conmigo todos los días.
Obviamente quiero ser mi mejor amiga.
Pero ya estoy cansada de que ese sea el único camino.
Quiero salir y envolverme con el otro.
Quiero que nos acompañemos. Que nos escuchemos. Que seamos uno, a ratos.
Quiero amar y ser amada.
Estoy cansada de que me digan que todo está en mí.
Porque no.
No lo está.