No me fui porque fuera fácil.
Me fui porque quedarme me rompía en pedazos que ya no podía recoger.
No tomé esta decisión por impulso.
La tomé con el alma cansada de resistir, y con el corazón lleno de una verdad que ya no cabía en silencio.
No abandoné mi camino.
Dejé de caminar uno que no era mío.
Sí, tengo miedo. Y no lo niego.
Pero el miedo no es fracaso: es el ruido que hace la libertad cuando empieza a abrirse paso.
No sé todo lo que viene.
Pero sé lo que no quiero repetir:
No quiero mendigar espacio donde no soy vista.
No quiero quemarme para calentar los sueños de otros.
No quiero vivir para producir, sino para crear.
No quiero liderar desde el sacrificio, sino desde la visión.
Hoy me libero.
Y al liberarme, me hago responsable.
De mis ideas, de mis ingresos, de mi voz, de mi historia.
Este no es un salto al vacío.
Es un regreso a mí.
Y a partir de hoy, todo lo que construya
—sea grande o pequeño—
va a parecerse a quien soy,
no a quien tuve que ser para sobrevivir.